Sí. El alcohol eleva el riesgo de desarrollar cáncer de boca, faringe (garganta), laringe (caja sonora de la voz), esófago, hígado y seno, y probablemente cáncer de colon y recto. Las personas que toman bebidas con alcohol deben limitar su consumo a no más de dos por día para los hombres y una por día para las mujeres. Una bebida se define como 355 ml (12 oz) de cerveza, 150 ml (5 oz) de vino, o 50 ml (1½ oz) de licores destilados (bebidas “fuertes”) con una graduación de 80. La combinación del consumo de bebidas con alcohol junto con el consumo de los productos del tabaco aumenta el riesgo de desarrollar cáncer mucho más que los efectos individuales que tiene cada uno por sí solos. Se ha observado una relación entre las mujeres con un consumo habitual de incluso pocas bebidas a la semana con un mayor riesgo de cáncer de seno. Las mujeres que tienen un alto riesgo de cáncer de seno deben considerar no ingerir ninguna clase de alcohol.

El cuerpo usa ciertos compuestos en los alimentos y químicos producidos por el cuerpo llamados antioxidantes, los cuales ayudan a proteger contra el daño a los tejidos que ocurre constantemente como resultado normal del metabolismo (oxidación). Debido a que dicho daño se ha asociado con un aumento en el riesgo de cáncer, algunos antioxidantes puede que sean útiles para proteger contra este riesgo. Entre los antioxidantes se encuentran la vitamina C, la vitamina E, los carotenoides (como el betacaroteno y la vitamina A) y muchos otros fitoquímicos (químicos de las plantas). Los estudios indican que las personas que comen más frutas y verduras, las cuales son fuentes abundantes de estos antioxidantes, pueden tener un riesgo menor de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Pero esto no necesariamente significa que los antioxidantes sean responsables de tal resultado, pues estos alimentos contienen también muchos otros compuestos.
Varios estudios sobre complementos de antioxidantes no han observado que disminuyan el riesgo de cáncer. De hecho, algunos estudios han reportado un incremento en el riesgo de cáncer entre estos complementos (refiérase también las anotaciones sobre los complementos con betacaroteno, licopeno y vitamina E). Para reducir el riesgo de desarrollar cáncer, la mejor recomendación actualmente es obtener los antioxidantes directamente de comer los alimentos, en lugar de los complementos (suplementos multivitamínicos).

El betacaroteno pertenece a un grupo de antioxidantes llamado carotenoides, el cual es responsable de dar a una parte de las plantas (incluyendo frutas y verduras) su color naranja intenso. En el cuerpo, el betacaroteno es convertido en vitamina A, la cual se considera útil en la prevención del cáncer. Debido a que el consumo de frutas y verduras se ha asociado con una reducción del riesgo de cáncer, resultaba lógico pensar que tomar grandes cantidades de complementos con betacaroteno podría reducir este riesgo. Sin embargo, los resultados de varios estudios a gran escala indican que éste no es el caso. En dos de los estudios en los que se dio a las personas altas dosis de complementos de betacaroteno para tratar de prevenir el cáncer de pulmón y otros tipos de cáncer entre los fumadores, se encontró que los complementos aumentaron el riesgo de cáncer de pulmón, y un tercer estudio no encontró beneficio ni daño como consecuencia del uso de estos complementos. Consumir frutas y verduras que contengan betacaroteno puede ser beneficioso, pero las altas dosis de complementos de betacaroteno deben evitarse, especialmente por los fumadores.

Varios estudios han indicado que los alimentos ricos en calcio pudieran ayudar a reducir el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal y que el consumo de complementos de calcio moderadamente reduce la recurrencia de pólipos. Pero un alto consumo de calcio, ya sea a través de complementos o de alimentos, también se ha asociado a un aumento en el riesgo de cáncer de próstata.
Debido a esto, los hombres deberán procurar los niveles recomendados de calcio, pero sin excederse, principalmente a través del consumo de alimentos. Puesto que las mujeres no están expuestas al riesgo para este tipo de cáncer y están a un mayor riesgo de osteoporosis (adelgazamiento de los huesos), deberán procurar los niveles recomendados para ellas, principalmente a través del consumo de alimentos. Los niveles de consumo de calcio recomendados son 1000 miligramos diarios para las personas entre 19 y 50 años de edad, y 1200 miligramos diarios para las personas mayores de 50 años. Los productos lácteos son una fuente excelente de calcio, al igual que algunos alimentos vegetales de hoja verde. Las personas que obtienen una gran parte de su consumo de calcio de los productos lácteos deben seleccionar alimentos bajos en grasa o sin grasa para reducir su consumo de grasa saturada.

La colonoscopia suele durar entre 15 y 60 minutos. Para que la exploración sea lo más confortable posible, se le administrará algún tipo de sedación, según el criterio del médico que realiza la colonoscopia. Por lo tanto, debe ir acompañado y no podrá conducir el resto del día tras la prueba.

No. La posible asociación entre el café y el cáncer de páncreas, la cual ha sido muy comentada en los medios, no ha sido confirmada por estudios recientes. En la actualidad no hay evidencia de que el café o la cafeína aumenten el riesgo de cáncer.

Algunos estudios han observado que las personas que viven en países cuya alimentación contiene un nivel más elevado de grasa presentan tasas mayores de cáncer de seno, próstata y colon, entre otros tipos de cáncer. Pero estudios más detallados no han observado que el consumo de grasa aumente el riesgo de cáncer, ni que una disminución en el consumo de grasa reduzca este riesgo. Por el momento no existe mucha evidencia de que la cantidad total de grasa que una persona consume afecte su riesgo de cáncer.

Para la mayoría de los tipos de cáncer, no existe una relación entre la vida sexual de una persona y el riesgo de que desarrolle un tumor canceroso. Tampoco el tener sexo después el tratamiento de cáncer aumenta las probabilidades de que el cáncer regrese o que no se pueda mantener bajo control. Sin embargo, los virus transmitidos de una persona a otra mediante el contacto sexual han sido asociados con algunos tipos de cáncer, incluidos el carcinoma de células escamosas de cuello uterino, vulva, vagina, pene o recto y el sarcoma de Kaposi. Los virus de la hepatitis B y C, los cuales pueden transmitirse de persona a persona durante el acto sexual, pueden incrementar el riesgo del cáncer de hígado. También parece ser que el riesgo para ciertos tipos de cáncer se incrementa con el virus de Epstein-Barr, causante de la mononucleosis (conocida como la “enfermedad del beso”).
Estos tipos de cáncer no surgen por tener sexo en sí, sino por los virus que pueden transmitirse durante la actividad sexual con alguien infectado con dichos virus. Los reportajes sobre virus y cáncer pueden ser confusos. No se sabe por completo el papel que estos virus tienen sobre el cáncer, pero algunos de ellos pueden causar cambios en el ADN de una célula. La mayoría de la gente que se infecta con estos virus nunca desarrolla cáncer. Puede obtener información más detallada sobre infecciones y el cáncer en los documentos relacionados con Agentes de infección y el cáncer (refiérase a la sección “Para obtener más información”).
Existen otros factores de riesgo involucrados en el desarrollo de cáncer, incluso en aquellos que son fomentados por los virus. Las mujeres que fuman cigarrillos, por ejemplo, están a un mayor riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino (cervical). Las mujeres que comenzaron a ser sexualmente activas antes de los 18 años también presentan un mayor riesgo para este tipo de cáncer.
Muchos pacientes y sus parejas se preocupan de que el cáncer sea contagioso; de que el mismo cáncer pueda ser transmitido de persona a persona durante la relación sexual. A pesar de este mito, una célula cancerosa del cuerpo de una persona simplemente no puede echar raíces ni crecer en el cuerpo de otra persona. Las células no sólo son frágiles al requerir un ambiente propicio para su supervivencia, sino que el sistema inmunitario de su pareja detectaría la célula de cáncer como algo ajeno y la destruiría. El cáncer en sí no es contagioso.